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Una cadena de locales de masajes eróticos legaliza 'de facto' la prostitución en España Daniel Borasteros Tres establecimientos con final feliz y legales en Madrid abren la polémica sobre regular definitivamente esta actividad y las consecuencias de la misma. A su vez, los y las trabajadoras sexuales somos perseguidas y acosadas a través de las ordenanzas municipales. En Titania Compañía Editorial, S.

Agradecemos de antemano a todos nuestros lectores su esfuerzo y su aportación. Cartel de las jornadas. Sevilla Contacta al autor. Tiempo de lectura 4 min. Tres establecimientos con final feliz y legales en Madrid abren la polémica sobre regular definitivamente esta actividad y las consecuencias de la misma.

Sin embargo, las medidas que legalizan el ejercicio de la prostitución son de reciente aprobación, por lo que no existen valoraciones definitivas todavía. Existen varias formas de prostitución, entre ellas las famosas vitrinas, pero son los clubes los que representan la mayor parte de la industria del sexo en este país, y en menor medida, casas privadas de citas , en las fincas, servicios de "acompañamiento" y, por supuesto, trabajo de calle.

Pero Holanda también ha tenido su proceso histórico con respecto a este tema. Así, hasta su política era reglamentarista en la línea de lo anteriormente expuesto en este artículo. En esta fecha se pasó a una política abolicionista tolerante con la prostituta e intolerante con el proxeneta. Esto significa que permitía el ejercicio de la prostitución de una persona por su cuenta como expresión de las libertades civiles , pero penalizaba la explotación de un establecimiento de sexo, o sea, el hecho de dar un lugar a la prostitución.

La aplicación de estas medidas se hacía bajo el espíritu de tolerancia característico de las políticas holandesas: Actualmente, en Holanda la prostitución ha sido despenalizada y se ha iniciado una política legalicionista, siempre y cuando se trate de una opción voluntaria. Esto supone reglamentar el funcionamiento de los locales, que pasan a ser gestionados como cualquier otro negocio comercial, y, a su vez, supone incorporar la prostitución como una profesión al derecho laboral y considerarla como un trabajo en la industria del sexo.

En este sentido, la política de inmigración tiene una importante relación con las medidas que se toman para legalizar la actividad de la prostitución a efectos de no producir discriminación hacia las mujeres extranjeras que trabajan en el sector del sexo. Esto es ya una discriminación importante que no se da en otras profesiones, por lo que la lógica que subyace en el fondo, en mi opinión, sigue siendo que la prostitución es algo "especial" que hay que controlar de alguna manera.

Si un país no te permite la entrada con un contrato de trabajo sexual y sí con un contrato de trabajo doméstico, seguimos hablando de estigma, de control y no de igualdad real ni legal en materia laboral. El cuerpo como mercancía y como víctima: Para este discurso, la prostitución es siempre una forma de esclavitud sexual. Es una forma de violencia contra las mujeres que atenta contra su integridad y dignidad.

Un importante sector feminista se encuadra en estos tipos de políticas. Al mismo tiempo, los Estados que corroboran este convenio "se comprometen a adoptar medidas para la prevención de la prostitución, la rehabilitación y adaptación social de las víctimas de la prostitución" [Gutiérrez, Prostitución es siempre equivalente a esclavitud sexual. Coherente con este planteamiento, la postura política adoptada por estos movimientos hoy en día supone definir la prostitución como una forma de violencia contra las personas que la ejercen.

Defiende que se trata de una cuestión ética: Las palabras de Rosario Carralero, miembro de la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres de Madrid, reflejan también esta idea de que el cuerpo femenino se convierte en una mercancía: La compra del cuerpo de las mujeres presenta enormes similitudes con nuestro comportamiento de consumo [ Desde esta óptica el modelo de reglamentación opuesto al abolicionista supone organizar "la venta del cuerpo de las mujeres", legitimar el "mercado de cuerpos femeninos destinados a la población masculina para su consumo individual con fines sexuales" [Carralero, Detractores de esta postura señalan que prostituirse es sólo un intercambio de servicios sexuales por dinero.

No se vende el cuerpo, ni la persona, se venden sólo servicios sexuales. El de "objeto" de consumo. Y convertir la sexualidad femenina en un objeto comercial atentaría contra la integridad y dignidad de las personas. Para estas teóricas la prostituta es siempre una víctima cuya capacidad de decisión se encuentra limitada por unas condiciones sociales estructurales pobreza, marginación, falta de oportunidades, abuso sexual.

El Estado se convierte en "salvador" de las prostitutas ofreciéndoles "alternativas" rehabilitadoras normalmente la limpieza de casas. Frente a estas posturas, muchas son las críticas y replanteamientos de científicos y, especialmente, de las propias trabajadoras sexuales, tal y como lo he expuesto. Gould describe el proceso por el que se aprueba en Suecia, en , la ley denominada Sexkdpstag, que regula la compra y venta del sexo penalizando al consumidor.

Este autor plantea que Suecia se enfrenta a una contradicción: Otro caso relevante como país con un sistema legal abolicionista es España. Dichas reformas legales son descritas por algunas juristas como medidas con una fuerte carga moral de índole religioso: También se ha manifestado la incoherencia entre ley y realidad: Para la socióloga Raquel Osborne, la política de corte abolicionista en España se traduce en que.

Algo que queda patente en las calles madrileñas donde la lucha contra la prostitución se ha convertido en una lucha contra la inmigración femenina. La veda ha quedado abierta. Desde ramas diversas del pensamiento feminista se da un acercamiento a los movimientos reivindicativos de las trabajadoras sexuales por el reconocimiento de sus derechos. El enfrentamiento entre regular o abolir la actividad de la prostitución toma nuevos caminos desde posturas feministas alternativas. La socióloga Raquel Osborne cuestiona: Aunque la prostitución sea entendida como un producto de la desigualdad social estructural entre hombres y mujeres, esto no significa que haya que mirar hacia otro lado y no reconocer su existencia ni las condiciones sociales y laborales en que se desarrolla ni las reivindicaciones de los derechos de estas mujeres.

Su discurso incluye también una crítica a las instituciones sociales legitimadas para las relaciones sexuales entre hombres y mujeres como el matrimonio y el noviazgo , ya que también podrían ser consideradas en términos de un intercambio económico por servicios sexuales y domésticos. Por ejemplo para G. Esta autora centra el problema en el estigma social del que es objeto la prostitución femenina, afirmando que "el estigma de puta, aunque se dirige de forma explícita hacia las mujeres prostitutas, controla implícitamente a todas las mujeres" [Petherson, Desde esta perspectiva, el estigma de puta es una construcción social que obedece a procesos de racionalización de la dominación que ejercen determinados sistemas sociales sobre otros en este caso, las representaciones sociales masculinas sobre las femeninas , de manera que "las actividades asignadas a la mujer resultan perfectamente compatibles con las estructuras comunes de dominación masculina" [Petherson, Una postura similar es la defendida por Dolores Juliano, que centra el problema en general en los modelos sociales construidos y, en especial, en las conductas sociales entendidas como adecuadas para las buenas mujeres.

A su vez, esta autora también reafirma el potencial de autonomía que supone la gestión y el control sobre el propio cuerpo femenino: Esta autora plantea, al igual que G. Plantea como problema principal de las trabajadoras sexuales el estigma social que recae, no sólo sobre ellas, sino que sufre el sexo femenino en su totalidad como forma de control social.

Desde esta óptica, las estrategias de actuación serían la consideración de la prostitución como trabajo, así como la eliminación del estigma social, es decir, actuar. Lo que es funcional para el sistema es precisamente la estigmatización, que aísla y debilita al colectivo de las trabajadoras sexuales, impidiéndoles manifestarse e imponer sus problemas y reivindicaciones [Juliano, Ciertamente es una nueva manera de mirar debajo de la alfombra donde la sociedad esconde sus desechos [Juliano, Ellas hacen lo que pueden para sobrevivir.

No hay un perfil concreto de putero. La legalización de la prostitución es un objetivo largamente deseado por los proxenetas y todos los actores económicos que se benefician de la industria del sexo.

Podríamos hablar de muchos, pero hay dos o tres que son muy importantes. Por no hablar de muchos locales que viven alrededor de las marcas de bebidas alcohólicas, que aumentan sus beneficios al distribuir en los prostíbulos.

Las feministas que hacen esa afirmación son muy pocas. Bien porque tienen intereses económicos concretos, anuncios de prostitución en periódicos, dueños de burdeles, hoteles donde se desarrolla la prostitución o agencias de turismo sexual, o bien porque son demandantes de prostitución, es decir, puteros.

En el capitalismo neoliberal se enmascara la explotación también a través del lenguaje. En la mujer prostituida se encarnan todas las características de lo que no debe ser una mujer. Los puteros, sin embargo, no representan el modelo normativo de lo que no debe ser un hombre. Las mujeres en prostitución representan el modelo normativo de lo que no debe ser una mujer. La propia existencia de las mujeres prostituidas lanza a la sociedad el mensaje de que el resto de las mujeres no tenemos que ser como ellas.

Ellas son para todos los hombres, el resto tiene que ser para uno solo. Qué cambios se han dado en la prostitución con el triunfo del capitalismo neoliberal. El capitalismo neoliberal ha transformado la prostitución y la ha convertido en un negocio internacional con un alto grado de racionalidad en términos de beneficios y un modo de funcionamiento similar al de las maquilas.

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Pero la sensación allí estaba, algo parecido a un malestar que se disipaba al llegar a la puerta del Sol. El entrecomillado del verbo parecer lejos de ser fruto del azar, sirve al objeto de subrayar que dicha disputa no es otra cosa que un simulacro. La polémica desatada por la eventual legalización de la prostitución si Ciudadanos llega al poder no es nada nuevo, es el sempiterno conflicto que nos atañe a todos y a todas desde hace semanas, meses, años, décadas…Y como de costumbre se aborda con el mismo cinismo.

Como si la postura adoptada hasta ahora, en resumidas cuentas: Dato este que, por lo que parece, nosotros ignoramos. Aquí dos cosas que de seguro creo nos pueden interesar a usted y a mí. La primera tiene que ver en cuanto al contenido, la segunda en lo que respecta a la forma. En primer lugar, lejos de haber olvidado, todos recordamos las conclusiones a las que se llegó en aquel congreso, es decir: Ese mantenimiento del status quo al que nos tienen acostumbrados ambas fuerzas políticas encajaría cual guante en el dicho de aquel taimado zorro político de cuyo nombre no me quiero acordar cuando hizo alusión a la misma M… con distinto nombre.

Status quo que quedó fehacientemente plasmado en las declaraciones de Carmen Chacón al salir del congreso revelando que ahora sí eran conscientes de que se trataba de un auténtico problema a tener en cuenta. Pues a uno se le corta la carcajada cuando se da cuenta de que solo con cambiar rostros y nombres tendríamos el verídico escenario de nuestro congreso.

Propongo un ejercicio bastante ilustrativo. Cuando pasaba por la calle Montera, ahora me doy cuenta, sentía vergüenza. Como dije antes, yo tenía ilusiones, proyectos y una vida por delante, tenía veinte años, los mismos que muchas de las chicas que aguardaban en la sempiterna sombra a las que las había relegado mi ceguera cómplice. Por descontado, si enferman carecen del acceso a cualquier tipo de sanidad o a subsidio alguno.

El pasado miércoles 15 de abril leía un artículo publicado en el diario El Mundo en la sección de tribuna por Mabel Lozano. Para mí siempre ha sido un tema de primer orden estudiar los mecanismos por los que se activa la tergiversación.

El lenguaje al servicio de la ideología es una arma muy poderosa y la fuerza de manipulación que posee no se debe desdeñar. No acaba solamente ahí. A las mujeres que van a entrar en la prostitución les ponen muchas películas porno para que aprendan el oficio. Se podría decir que hay rutas de puteros que siguen dos sentidos distintos. Todas las grandes ciudades de todos los países del mundo tienen industria del sexo, por lo que los puteros de zonas rurales viajan a las grandes ciudades.

Establece un paralelismo entre perforar el suelo del mar y las montañas para extraer petróleo y penetrar los orificios de las mujeres para extraer placer y dominio sexual.

Lo que quiero sugerir es que neoliberalismo ha encontrado en la prostitución de mujeres la lógica extractivista, característica de la fase de capitalismo que vivimos actualmente.

Es decir, la lógica de sacar beneficios a toda costa en ausencia de una economía productiva. Lo primero, el concepto de trata de blancas ya no se usa. El término 'cliente' despolitiza la realidad del putero y transmite la idea de que la prostitución es el resultado de un contrato mercantil desprovisto de cualquier tipo de moralidad.

El 'cliente' accede al cuerpo de una mujer con la misma actitud con la que se compra unos zapatos. Sin embargo, no es lo mismo comprarse un jersey que explotar sexualmente a una mujer pobre.

Los puteros son también responsables de la explotación sexual y económica que entraña la prostitución. Sin puteros no hay prostitutas y sin puteros no hay prostitución. Sin embargo, a quienes se detiene, persigue y estigmatiza es a las prostitutas.

Es una indecencia la criminalización y la estigmatización de las mujeres en prostitución, mientras los puteros se van de rositas.

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