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De izquierda a derecha: Liliana, un cliente del bar, el esposo de Liliana y la venezolana María. Belinda Soncini Especial para el Nuevo Herald. Le decían la Diabla porque tenía un tatuaje de un diablito sonriente en la parte baja de la espalda. Trabajaba como independiente en un prostíbulo popular en el que las mujeres alquilaban cuarto por día.

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Tres meses después de cambiarme a mi nuevo apartamento, mi vecino, que me alquilaba el mismo, se ganó la lotería.

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Tiene que pagar a los dueños del bar y enviar dinero a casa. Hoy se las puede encontrar en la mayor parte del Caribe. Pero la mayoría nunca ve las playas. El hecho de que se esté aprovechando de la desesperación de estas mujeres no le molesta. Lo ve como un beneficio mutuo. Pidieron que no se revelaran sus nombres reales y ciudades de origen por miedo a las represalias, y porque no quieren que sus hijos sepan de qué viven.

Esto no es lo que quiero hacer. Juana, de 31 años, trabajaba para el gobierno. Pero cuando comenzó a criticar las políticas oficiales, perdió su empleo. Explica que al principio fue muy difícil. Estar unidas las ha ayudado. Después, la comida, luego los medicamentos. Entonces, tu madre necesita algo. Y así, los días se convierten en semanas.

Las semanas se convierten en meses. La mayoría de las mujeres solo habla español, por lo que nunca llegan a conocer a nadie en la isla, de habla inglesa. Y muchos de los isleños, especialmente las mujeres, no las quieren. Un cliente, barman en un hotel de la isla, tiene una opinión diferente. Visita a una de vez en cuando.

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Venezuela La desesperación obliga a miles de venezolanas a prostituirse en otros países. Con la noticia de que había ganado la lotería vi rondar la casa a varias personas que nunca había visto.

Familiares y amigos que tenía tiempo de no ver se aparecían por su casa. Sin embargo, nadie le sacó dinero porque él tenía sus propios planes. Tenía poco tiempo de haberme mudado al barrio cuando se pasó a vivir a la par de mi casa una mujer que alborotó al vecindario entero.

Yo tenía quince años. Yo vi cuando el camión de mudanzas bajaba las cosas de la vecina una tarde de abril. La primera vez que la vi estaba de espaldas y aproveché para ver el cuerpazo que tenía. Al principio la relación con la Gaby era por puntos. Yo le hacía mandados, la iba a dejar y a traer a algunas fiestas o la acompañaba a la casa de alguno de sus clientes. Luego de acumular suficientes puntos, ella me daba mi pago en especie. La llevamos así por un buen tiempo hasta que todo se empezó a complicar.

Cuando se involucra al corazón ya todo cambia, no es lo mismo.

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